Poemas de Carmen Carrasco

ESCRITOS AMIGOS

EL ABANDONO DE ANIMALES

LA COLUMNA DE Mª ORLINDA MONTIEL

Mi perrita Yasmín

Algo endémico en España. Tan habitual, que muchos ni siquiera se avergüenzan de admitirlo. Con leyes o sin ellas, el perro, el gato y hasta pájaros, cuando por un motivo y otros resultan una molestia, se les echa a la calle... y punto, como si de un trasto viejo se tratase. Cuándo entenderán algunos que son seres de Dios, criaturas vivas que sienten como nosotros, sensibles al calor, al hambre, al frío… Es todo inútil. En esta sola semana han dejado unos malvados, y cobardes, además, porque ni han dado la cara, sino que atados a una mugrienta cuerda, dejaron en la puerta de la Sociedad Protectora (eso, cuando no los tiran por lo alto del muro y, como consecuencia, se les rompen las patas o mueren en la caída) cinco animales. Son unos cachorrillos tan pequeños, sobre todo la perrita, que no sé cómo han soportado la noche allí ataditos y helados. Se les ha dado el alimento adecuado, y en apenas tres días ya están nuevos, pero lo que para mí resulta insólito, y cada día me asombra más, es ver su comportamiento con nosotros.

Deberían de odiarnos de lo que hacen con ellos… Pues no; estas pobres criaturas saltan de alegría, nos lamen las manos como si quisieran decirnos ¡ya sabemos que no todos sois malos! Y sus saltos de alegría ante nuestras caricias son como para enternecer al más duro. Los consejos que voy a dar a continuación son para todos: aún para quienes se creen sensibles y jamás les hacen daño.

Piensen antes de llevar un animal a su casa, por favor.

TENGA animales si los quiere de verdad, ya que como todo ser vivo necesita cuidados y atenciones.

TENGA animales si sabe la responsabilidad que implica, amén de los gastos: alimentación, veterinario, higiene… y viajes, también piense en ello.

TENGA  animales si está dispuesto a asumir la responsabilidad por toda su vida  que suele durar 10 ó 15 años, aproximadamente, con los cuidados que implica la vejez, nunca agradable ni en ellos ni en nosotros. No cometa la crueldad de abandonarlos entonces.

NO TENGA  animales si en un momento determinado pretende solucionar su propio aburrimiento o cualquier otra causa determinada. No es un juguete, sino un compañero de por vida, con sus propios sentimientos. Todos buenos mientras no se les maltrata o se les molesta.

NO TENGA animales si llega a casa y no piensa en él sentándose tranquilamente a la mesa. Ocúpese primero de él, que depende de usted. Usted es libre y puede hacer lo que le guste: él no. Él no puede ni beber si usted no le da el agua.

En definitiva, piense que si nosotros amamos la libertad, ellos también y no la tienen. Ocúpese de que en la medida de sus posibilidades tenga un espacio proporcionado, posibilidad de paseos y movimiento, protección del frío y del calor, según las estaciones, y lo que su sentido común y buen corazón le dicten. Es absurdo en un apartamento pequeño tener un perro enorme; por él y por usted mismo.

No lo deje, algo muy común desgraciadamente, en el maletero del coche ni en el mismo coche con las ventanillas cerradas. Son muy sensibles al calor y sufren como usted o yo. Muchos padecen claustrofobia, según Conrad Lorenz, pero a los infelices les resulta imposible decirlo.

Piense, por favor, en todo esto y mucho más que podríamos seguir diciendo. La protección de los animales es un deber de cultura. Son obra, y por consiguiente, propiedad de Dios, y el ser humano no puede hacer con ellos lo que le venga en gana.

Hace algún tiempo vi una película en la que unos señores, a los que se les había muerto un perro a quien querían como a uno más de la familia, le preguntan a un sacerdote:

“Padre ¿cree usted que los perros van al cielo?”

“Puede que en algunos círculos teológicos el tema sea debatible, pero en mi corazón algo me dice: ¡Sí!, los perros van al cielo.”

Para mí también, aunque escandalice a algunos falsos beatos.

Mª Orlinda Montiel
Presidenta y Fundadora de la Sociedad Protectora de Animales y Plantas
San Francisco de Asis de Melilla
Este poema está sujeto a licencia 2.1 de CreativeCommons

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