Poemas de Carmen Carrasco

El Cristo del Socorro

El Cristo del Socorro de Melilla

Vuelvo a pasear, con las alas del pensamiento, por mi querida Melilla la Vieja, corazón de la ciudad, testigo de tantos hechos heroicos y gloriosos del pasado. En ella siempre encuentro inspiración para mis sencillos poemas, llenos de sentimiento hacia esas viejas piedras que me vieron nacer, de lo cual me siento muy orgullosa. Lamento que la casa en que nací, magníficos pabellones de la calle Concepción, ya no exista. Fue derribada, encontrándose en perfecto estado de conservación, por motivos puramente urbanísticos, para darle una mejor visión a la torre de la iglesia.
         Dejando atrás los recuerdos, y antes de relatar mi historia de hoy, quiero aclarar que existe un Cristo en Melilla, una maravillosa talla, realizada en el año1819 por un artista desconocido, capitán de artillería, cuyo nombre tampoco se conoce, que en aquella época estaba destinado en el presidio en tiempos de la invasión francesa y posterior ocupación de todo el país por las tropas de Napoleón. Este Cristo es el protagonista de nuestra historia.
          Nos trasladamos, pues, al siglo XIX cuando España fue invadida por Napoleón Bonaparte. La ciudad, orgullosa de ser española, no se quiso someter al gobierno de los franceses y en represalia éstos no permitían que llegasen barcos con víveres para abastecer a los habitantes de la Plaza.
          Ante la escasez de alimentos, el gobernador de la Fortaleza ordenó que el único falucho que había saliese para Málaga a pedir auxilio y que desde allí mandasen un barco con provisiones, intentando de este modo burlar el bloqueo francés. Pero el frágil falucho fue arrastrado por el fuerte oleaje contra el torreón de las Cabras, salvándose de milagro la tripulación.
          El tiempo transcurría angustiosamente y una noche, con la Fortaleza totalmente a oscuras por la falta de leña y aceite para el alumbrado, el vigía de tierra divisó las velas de un jabeque (velero que también puede moverse a remo) que se acercaba. Podemos imaginar la alegría de aquellos hambrientos melillenses ante la llegada de un barco cargado de provisiones que remediarían sus penalidades. Pero ante el asombro de todos, observaron que el jabeque viraba en redondo poniendo proa a la Península. ¿Qué podía haber sucedido para realizar tan extraña maniobra? Sencillamente, al ver la Ciudadela a oscuras pensaron que ésta había caído en poder de los fronterizos y pusieron rumbo a Málaga.
          Desesperados, los melillenses sacaron de la iglesia la talla de un Cristo e iluminándolo con las únicas velas que había en la iglesia para el culto, lo pasearon brazo en alto por las murallas de la Ciudadela.
          Milagrosamente, desde el barco vieron la imagen del Cristo, que en la oscuridad de la noche parecía andar sobre la Fortaleza, comprendiendo enseguida que la ciudad seguía siendo española y regresando a la Plaza para darles el ansiado socorro.
          Desde entonces, la talla fue bautizada como Cristo del Socorro, ya que gracias a su ayuda aquel grupo de valerosos compatriotas se salvaron de morir por no haberse querido someter al gobierno invasor de los franceses.
          Esta historia me la contó hace tiempo un familiar mío y como tradición oral puede tener también parte de leyenda, como ocurre con toda las historias. Pero no cabe duda de que en ella se nos muestra a unos melillenses valerosos, como siempre lo han demostrado ser a lo largo de cinco siglos.

¡Idealistas y heroicos antepasados nuestros!

 

Carmen Carrasco Ramos
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El Cristo del Socorro de Melilla

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