Poemas de Carmen Carrasco

LA FACHADA DE LA HÍPICA

Siempre he sentido admiración por la bella y original fachada de La Hípica (complejo deportivo y Balneario). Ha sido para mí desde niña como algo mítico, lleno de hermosura, con sus polícromos mosaicos, sus arcos, hornacinas laterales, sus pequeños pináculos y el precioso escudo central. Miraba extasiada todo el conjunto, con ojos infantiles y asombrados, cada vez que la entrañable C.O.A. traspasaba por su puerta principal cuando íbamos camino del Balneario. Durante muchos veranos de mi vida, como un rito cotidiano, pensaba casi en voz alta: ¡Qué bonita es la fachada de la Hípica! Quizás porque mirando su belleza –siempre la estética en mi vida-, me sentía casi transportada a la entrada de un castillo encantado cuyo foso era el mar Mediterráneo.

Y aquellos atavismos de años tan lejanos en el tiempo, llevaron este verano mis pasos a volver por aquel lugar para contemplar de nuevo esa mítica fachada que ha formado parte de los recuerdos más gratos para mí. Y una vez más he admirado aquella gran entrada con su forma de medio punto y flanqueada por otras dos puertas laterales de menor tamaño. No me defraudó su contemplación ahora que mis ojos ya no son aquellos tan ingenuos de antaño, haber visitado diversos países, y visto cosas bonitas y pintorescas. Pero comprobé con desilusión que las bellas hornacinas a ambos lados de dichas puertas, representando a la Virgen de la Victoria, nuestra Patrona, y al apóstol Santiago, habían desaparecido. ¿Furia iconoclasta? Es una pena, pues aquellas imágenes de cerámica, formando parte del conjunto, lo completaban y embellecían. También habían desaparecido -debieron caerse, supongo- los dos pequeños pináculos que airosos apuntaban al cielo.

Afortunadamente, vi con satisfacción que el escudo central se conservaba intacto, así como las letras del rótulo: "CAMPO DE DEPORTES HÍPICA DE MELILLA". Todo ello bordeado, como siempre lo estuvo, por una bella guirnalda en tonos azules y rosas. Observando atentamente el escudo, descubrí -de pequeña no me fijaba en esos detalles- que en él se encuentran representados los siguientes emblemas militares: Ingenieros, Infantería, Compañía de Mar, Artillería, Caballería y Aviación. Y en el centro sigue luciendo una gran estrella, símbolo del Estado Mayor. Todo ello rematado por una armoniosa corona ducal y rodeado por hojas de laurel. En un ángulo, a la derecha, se puede apreciar la firma de la autora, la ceramista sevillana Francisca Ramos Rejano que, felizmente inspirada, realizó la obra para nuestra ciudad.

Estuve un buen rato contemplando aquella fachada objeto de mis recuerdos de pasados años, que entonces nos parecieron más felices, queriendo retener en mis pupilas su bella hechura, su policromía y rememorando aquellas fantasías infantiles que ideé cada vez que cruzaba por debajo de su puerta imaginando que lo hacía a mi castillo particular. Son mitos que forjamos de niños, idealizando nuestro pequeño mundo, pero que se conservan intactos en la memoria.

Empezaba a anochecer y llegó la hora de la despedida de aquel lugar. Prometiendo de firme volver, rubriqué la promesa con una última y emocionada mirada. La cita, esta vez, no sería tan lejana en el tiempo.

Carmen Carrasco Ramos
Publicado en la revista editada por la Casa de Melilla, mes de octubre
Bibliografía: El reflejo de Marte.
Este artículo pertenece a Carmen Carrasco Ramos y está sujeto a licencia 2.1 de CreativeCommons

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